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A quién interese

hace 4 días
2 min de lectura

Hace algunos días nos dimos cuenta de que la semilla de la calumnia, como cualquier mala hierba que se esparce por cualquier camino y, de pronto, vuelve a brotar la maleza venenosa que nos obliga a deshierbar de nuevo.


Este escrito es una aclaración, más por las personas que nos rodean que por nosotros mismos: por el honor de nuestros padres, amigos y de aquellas personas a quienes hemos acompañado con información y que ahora forman parte de nuestro camino.

Sabemos con certeza que hay una persona que ejerce de «doula», otra que ha sido nombrada como «partera» (por sus círculos afines) y algunas personas más, que simplemente han oído un chisme y lo repiten como si fuera cierto. Estas personas, al ver que no hemos actuado en defensa de nuestro derecho constitucional (artículos 2 y 6) e ignorando que este hecho puede acarrear sanciones legales, continúan faltándonos al respeto y cometiendo delitos graves.


Delitos contra el honor:

El Código Penal de El Salvador sanciona las conductas lesivas a la reputación a través de figuras como la injuria (ofensa a la dignidad), la calumnia (falsa acusación de un delito) y la difamación (divulgación de hechos para dañar la fama). Las sanciones económicas o penales aumentan si las agresiones ocurren de forma pública o mediante redes sociales.


Por ello, pedimos a toda persona que llegue hasta aquí por algún motivo o interés que, en primer lugar, piense en nosotros, pues somos personas como ustedes. Tenemos hijos que pueden verse afectados por estas calumnias o por quienes cometen un delito contra nosotros, llevándoselos de encuentro; también tenemos padres que pueden sufrir las consecuencias de estos delitos contra la reputación, así como amigos y personas valiosas que han buscado nuestra orientación para tener un parto digno y fisiológico.


En segundo lugar, les pedimos que reflexionen sobre la responsabilidad que implica cometer este tipo de delitos y dejarse llevar por personas injuriosas que buscan perjudicarnos por envidia, o por generarse un posicionamiento a costas de dañar nuestra reputación con difamación, y por no compartir las mismas creencias religiosas o por ideologías que las impulsan a ensuciar el nombre de otros; personas a quienes tal vez les incomoda que disfrutemos de las libertades que El Señor nos ha concedido para vivir verdaderamente libres; libres de la muerte y de toda condenación eterna, no por nuestros méritos, sino por los de Cristo, el único camino hacia Dios.

Erick y Sulammit

 
 
 

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